¡La
Junta Grande estaba formada por 18 miembros! Que las decisiones de gobierno
fueran debatidas entre tantas personas dificultaba el avance de la revolución.
Siguiendo ese criterio, los gobiernos fueron reduciéndose. La Junta Grande se disolvió
y fue remplazada por los Triunviratos (gobiernos conformado por tres personas).
Finalmente la Asamblea del año XIII, con representación de la mayor parte de
las provincias, decidió sustituir al Triunvirato por un gobierno unipersonal (una sola persona) denominado Directorio.
Esa forma de gobierno, centralizada en Buenos Aires, funcionaría solo de manera
provisoria mientras durase la guerra.
Sin embargo los conflictos entre Buenos Aires y el resto de la provincias terminaron derivando en la desaparición del Directorio, en el año 1820.
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TEXTOS PARA ANALIZAR
LA GUERRA
Una revolución, como dijimos, no se produce de la noche a la mañana. Se trata de un proceso largo y conflictivo. Los hechos de mayo de 1810 fueron el inicio de un camino que se construyó a base de violencia, guerra, pero también de discusiones políticas, de difusión de ideas y de participación popular.
Aprendemos que todos los acontecimientos que forman parte de la construcción de nuestra patria están ligados a los grandes nombres: Belgrano, Castelli, San Martín. Es cierto que sin su dirección, sin sus ideas y convicciones, hubiese sido difícil dicho camino independentista. Pero estas personas formaban parte de un pueblo y fue la sociedad toda con sus contradicciones internas, con sus diferencias de clase y de status, con sus conflictos, la que hizo posible la construcción de nuestra Nación.
Sin embargo, sin anular lo anteriormente dicho, es importante remarcar la valentía y el compromiso de ciertos personajes, como es el caso de Manuel Belgrano, abogado, sin formación militar, que abandonó su tranquila vida de burguesía acomodada, para dar todo en la guerra. Porque la revolución no concluyó con la formación de nuevos gobiernos patrios. La revolución trajo consigo la guerra. Depuestas las autoridades virreinales, hubo que luchar decididamente contra las resistencias que ofrecían quienes querían mantener el orden colonial. No tenía ningún sentido liberar la ciudad de Buenos Aires, y que el resto del continente siguiera bajo dominio europeo. Para algunos de los revolucionarios, del Río de la Plata y de otras partes de América, como José de San Martín, Juan José Castelli, Manuel Belgrano o el caraqueño Simón Bolívar, era imprescindible la liberación continental y la conformación de una Patria Grande, la americana.

Mapa que representa las campañas militares revolucionarias al Alto Peru(actual Bolivia) y al Paraguay. El territorio pintado de verde pertenecía al Virreinato del Rio de la Plata.
Las guerras contra los "realistas" españoles comenzaron inmediatamente después de conformada la Primera Junta. Se organizaron campañas al Paraguay, a la Banda Oriental y al Alto Perú.
Casa histórica de la ciudad de San Miguel de Tucuman. El 9 de julio de 1816, en esa casa, los representantes enviados por distintas provincias proclamaron, la independencia de las Provincias Unidas del Sur. Como había sucedido en la Asamblea de 1813, las provincias del Litoral (Santa Fe, Corrientes y Entre Rios) y la Banda Oriental(actual Uruguay), lideradas por Artigas, no participaron del Congreso, por sus discrepancias con el centralismo porteño.
Acta de la declaración de la independencia de 1816.
Una vez sucedida la revolución en Buenos Aires, se la trasladó al resto del territorio. Permanentemente se sucedían intentos contrarrevolucionarios en el interior, de parte de grupos adeptos al orden colonial. Es así que junto con la revolución nacieron las guerras de independencia. Asimismo, se presentaban oposiciones al gobierno centralizado en Buenos Aires dentro del mismo campo revolucionario. Comenzó entonces el camino de la fragmentación del territorio americano, en detrimento de la idea de la Patria Grande.
Depuesto Napoleón y con el retorno del rey Fernando VII al trono español, era menester la declaración formal de la Independencia. Luego del fracaso de la Asamblea del Año XIll para dictar una Constitución que estableciera la forma de gobierno del país y sus características, se convocó a un nuevo Congreso Constituyente, esta vez en la provincia de Tucumán, como modo de contrarrestar el centralismo porteño. Luego de intensos debates entre todos los representantes de las provincias [con excepción de los del Litoral y de la Banda Oriental], el 9 de julio de 1816 se declaró formalmente la Independencia.
Si bien esta declaración era un acto simbólico fuerte, no aseguraba por sí misma la libertad respecto del poder colonial. Los ejércitos realistas tenían posiciones fuertes en Perú, el Alto Perú (actual Bolivia) y en Chile. En este sentido, fue fundamental el regreso en 1812 al Río de la Plata de un gran militar y estratega, José de San Martín, quien, junto con Simón Bolivar, tenía el proyecto de liberar a
toda la América española de la dominación colonial. Para San Martín, no tenía sentido proteger los límites de las Provincias Unidas sin ayudar a los otros pueblos americanos a liberarse. La intención del general era ponerse al servicio de la causa revolucionaria pero al ver el centralismo y conservadurismo del gobierno del Primer Triunvirato, que dejaba desprotegidas económica y militarmente a las provincias del Interior, desobedeció órdenes y, junto con sus compañeros de la Logia Lautaro, exigió la disolución del gobierno. En palabras del general: “no siempre están las tropas para sostener gobiernos tiránicos”.
San Martín, como también lo había hecho Belgrano, desoyó los mandatos de los gobiernos centralistas porteños y logró llevar a cabo la real independencia, la que se ganó en la guerra, en los campos de batalla. Mientras Martín Miguel de Güemes se oponía heroicamente con sus “gauchos” a los avances realistas por la frontera norte, San Martín organizó un ejército en Cuyo, y comandó la guerra continental, junto con el venezolano Bolívar. Hacia 1824, la independencia americana estaba asegurada.

Mapa ilustrativo del desarrollo de la guerra de la independencia durante durante el período posterior a la declaración simbólica de la independencia de 1816. La imagen señala las campañas militares de los Ejercito de los Andes, liderado por San Martin, y del ejercito comando por Simon Bolivar. La estrategia elaborada por San Martín- conocida con el nombre de Plan Continental- consistía en cruzar la Cordillera de los Andes, liberar a Chile-donde los revolucionarios habían sido vencidos en 1814- y desde allí atacar por mar el Perú, centro de poder español en América del Sur.

Hacia 1822 el ejercito liderado por San Martín ya había liberado a los territorios actuales de Chile y Perú pero enfrentaba dificultades. Escaso de hombres y de recursos solicitó ayuda al autoridades de de Buenos Aires, pero lo abandonaron y no le dieron ningún tipo de apoyo. Entonces se vio en la necesidad de pedir apoyo al libertador caraqueño Simon Bolivar. Ambos generales se entrevistaron en Guayaquil. Allí resolvieron que sería Bolivar el encargado de combatir los últimos focos de resistencia española.
Monumento que homenajea a Bolivar y San Martin en la ciudad de Guayaquil, Ecuador.
Conmemora el histórico encuentro que los dos libertadores mantuvieron en esa ciudad en 1822.
BUENOS AIRES Y EL INTERIOR: PROYECTOS DISTINTOS Y EL FIN DE LOS INTENTOS DE UNIDAD POLÍTICA
Desde el inicio de la Revolución, el protagonismo porteño encontró resistencia en distintos lugares del interior del ex virreinato. Buenos Aires había sido capital virreinal y, si bien los revolucionarios porteños criticaban el orden colonial y sus privilegios, la ciudad conservó ciertos rasgos elitistas. Tanto en la época colonial como una vez abierto el proceso revolucionario, Buenos Aires era el centro político administrativo y comercial, privilegiado por los beneficios de ser el único puerto habilitado al comercio internacional y beneficiario de los ingresos aduaneros. El centralismo porteño fuertemente defendido por distintos representantes de la ciudad, fue generando, en distintos grupos dirigentes del Interior y el Litoral, la fuerte convicción de la necesidad de conformar un sistema de gobierno republicano y federal, en el cual cada estado provincial eligiera sus propios representantes y participara del gobierno central. Los primeros años independientes vieron crecer esta autonomía que, en algunos casos como el de la Banda Oriental det Uruguay, terminó en abierta ruptura y en la conformación de una nación independiente.
En este contexto de enfrentamientos entre centralismo y federalismo, los intentos por lograr la organización de un Estado de reemplazo al poder español y de sancionar una Constitución fracasaron reiteradamente. En 1819 se lo intentó una vez más. Se convocó a un tercer congreso constituyente que sancionó una Constitución donde se establecía un gobierno democrático con división de poderes. Sin embargo, en los hechos, se imponía un gobierno fuertemente centralista. Ello provocó la resistencia de los grupos dirigentes del Interior y el Litoral, abriendo una brecha que tardaría décadas en cerrarse. Descontentas con las decisiones del Congreso de 1819, tropas de las provincias, lideradas por la Liga de los Pueblos Libres -con los caudillos Estanislao López (Santa Fe] y Francisco Ramírez (Entre Ríos) a la cabeza-, se enfrentaron a las tropas del gobierno central del Directorio, venciéndolas en la batalla de Cepeda en 1820. En ese momento, se disolvió el Directorio, así como el Congreso Nacional, el mismo que había declarado la independencia en 1816. Desde entonces, derrocadas y disueltas las autoridades nacionales, cada provincia se fue dando su propia organización, abriéndose un período de guerras civiles.
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BALANCE DE UNA DÉCADA DE REVOLUCIÓN Y GUERRA
A fines de la década de 1810, aunque la guerra tendía a resolverse en favor de los revolucionarios americanos, la un situación en los territorios del ex Virreinato del Río de la Plata era en muchos aspectos preocupante.
Por un lado, aunque declarada la independencia en 1816, los revolucionarios del Plata no habían podido constituir un Estado nacional. En 1819 caía el Directora y comenzaba un largo período, el de las autonomías provinciales, en el que cada provincia diseñaría su propia organización. Por otra parte, vastas regiones del ex Virreinato se independizaron prontamente no sólo de España, sino también de los gobiernos nacidos del proceso revolucionario de Mayo con sede en Buenos Aires. Hablamos del Paraguay, de la región del Alto Perú (donde surgiría Bolivia) y de la Banda Oriental (Uruguay).
En el plano económico-social, la larga guerra emancipadora y las luchas entre los mismos revolucionarios resultaron muy costosas para la región. Las necesidades de los ejércitos y la inseguridad interrumpieron o dificultaron la producción y el comercio. Los robos y saqueos eran frecuentes; la mano de obra escaseaba; muchos trabajadores debían alistarse en los ejércitos. La Banda Oriental y el Litoral fueron dos de las zonas más afectadas. En pocos años, perdieron casi por completo su principal recurso económico: el ganado.
No era mejor la situación de los comerciantes. Primero los españoles y luego también los mercaderes criollos tuvieron que entregar parte de sus bienes para sostener los gastos que requerían los esfuerzos de la guerra. Además, no era fácil comerciar. La guerra producía inseguridad y el vínculo comercial entre el Alto Perú y Buenos Aires, muy intenso durante el siglo XVIII, terminó por romperse.
A estos factores, hay que agregar otra cuestión que debilitó aún más la situación del sector comercial local. Los primeros gobiernos patrios establecieron la libertad de comercio, medida que terminó beneficiando a los comerciantes ingleses. Á diferencia de los mercaderes locales, estos comerciantes poseían capital, no debían contribuir con los gastos de guerra y disponían en su país de contactos privilegiados para conseguir todo tipo de mercaderías. Además, eran dinámicos y aventureros, y en poco tiempo se hicieron del control del comercio de importación-exportación con sede en el puerto de Buenos Aires. La región se independizaba así del monopolio español, pero caía bajo otra dependencia, que ahora la vinculaba a los grandes centros de producción y comercio de Inglaterra.
Los gobiernos independientes cumplieron de algún modo el sueño de los invasores británicos de 1806 y 1807; abrieron la aduana a los productos industrializados británicos, de menor costo productivo que los de las provincias del interior. El libre comercio perjudicó a las economías regionales que no podían competir en calidad y precio con los productos extranjeros. Las artesanías del interior no podían solventar los costos de mano de obra, inversión tecnológica y, sobre todo, de transporte; no existía un sistema óptimo de caminos, los gobiernos independientes ganaron un territorio lleno de materias primas, con un clima ideal para la producción de alimentos, lleno de recursos, pero sin infraestructura ni capital.
El comercio libre implementado por los gobiernos revolucionarios contribuyó a delimitar un mapa de desarrollo y subdesarrollo económico dentro del mismo país que perdura hasta el día de hoy. Desde muy temprano, frente a esta situación, las provincias comenzaron a reclamar protección a través de impuestos a los productos extranjeros y la coparticipación en las ganancias de la aduana de Buenos Aires.
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GALERÍA DE IMÁGENES
Martín Miguel Güemes (Salta, 1785 - Salta, 1821) Con muy escasos recursos libró
una constante guerra de guerrilla en Salta y Jujuy, conocida como Guerra
Gaucha. Con sus acciones logro
rechazar seis invasiones españolas, ayudando de esta manera a proteger nuestro
territorio para que San Martin pudiera iniciar el cruce de los Andes.
Sin embargo, en Buenos Aires Güemes era visto
con desprecio: la noticia de su muerte fue publicada bajo el título "Ya
tenemos un cacique menos". Sus adversarios ideológicos de la
rica burguesía porteña no le perdonaban su apoyo a los levantamientos de los
sectores más humildes frente a la alta sociedad.
José Gervasio Artigas (Montevideo 1764-
Asunción, Paraguay 1850) Militar de destacada actuación en la Guerra de
Independencia. Sus acciones fueron claves para lograr derrotar la resistencia
española en Montevideo.
Fue nombrado “Protector” de los “Pueblos Libres”, asociación de las provincias
del litoral (Uruguay, Santa Fé,
Corrientes, Entre Ríos y Misiones). Se opuso al centralismo porteño y defendió
la soberanía de las provincias. Esta posición le valió la enemistad de Buenos
Aires, que le declaró la guerra y lo obligo a huir exiliado a Paraguay.
Antonio Sucre (Cumaná 1795- Berruecos 1830) Político, mariscal y militar partidario de la
independencia y la unidad latinoamericana. Lucho junto a Bolivar. Sus acciones
fueron decisivas para la liberación de los actuales territorios de Ecuador y
Bolivia. Condujo las tropas americanas que vencieron definitivamente a los
españoles en la batalla de Ayacucho.
Fue asesinado por los separatistas cuando tenía 35 años.
A pesar no ser un militar profesional, dejo su lugar en la Primera Junta para
ponerse al servicio de la guerra de independencia asumiendo la conducción de
las campañas militares del Paraguay y el Alto Perú.
Al igual que San Martin y Bolivar, era partidario de la conformación de una
Patria grande para unificar Latinoatinomerica. En ese sentido propuso que la
capital estuviese en Cuzco y que el gobernante fuese un Inca.
Falleció en 1820, sumamente enfermo y sumergido en la pobreza.
Las tropas comandadas por Manuel Belgrano saludan la bandera celeste y blanca, después de izarla por primera vez en Rosario, provincia de Santa Fe, el 27 de febrero de 1812.
Monumento a la Bandera ubicado en el mismo lugar donde fue izada por primera vez. Rosario, provincia del Santa Fé.
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ACTIVIDADES
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