EL GOLPE DE 1943 Y EL ASCENSO DE PERÓN
EL ASCENSO DEL PERONISMO (1943-1946)
Situación social durante la Década Infame
Durante la década de 1930, el modelo económico basado en la exportación de productos agropecuarios comenzó a mostrar señales de agotamiento. Al mismo tiempo, Argentina inició un proceso de industrialización, que atrajo a miles de trabajadores rurales a las ciudades en busca de empleo. Este movimiento provocó el crecimiento de la clase obrera urbana, que en su mayoría enfrentaba condiciones laborales difíciles: jornadas largas, salarios bajos, falta de vivienda y servicios básicos.
La vida en los asentamientos urbanos era precaria. Muchos trabajadores vivían en barrios improvisados, llamados villas miseria, cercanos a las fábricas y zonas portuarias. En general, tanto los obreros recién llegados como los ya establecidos en las ciudades sufrieron explotación laboral y carecieron de representación política.
Los grupos nacionalistas y el pensamiento de FORJA
En ese contexto de desigualdad y dependencia económica surgieron nuevos movimientos que comenzaron a cuestionar el rumbo del país. Entre ellos se destacó FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina), integrada por jóvenes intelectuales y militantes del radicalismo como Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortiz y Homero Manzi.
FORJA sostenía que la Argentina había perdido su independencia económica y política, y que el país estaba dominado por los intereses extranjeros, sobre todo británicos, que controlaban sectores estratégicos como los ferrocarriles, el comercio exterior y los servicios públicos. Su lema, “Somos una Argentina colonial: queremos ser una Argentina libre”, resumía claramente su pensamiento.
Este grupo, junto con otros sectores nacionalistas populares, impulsaba la idea de un Estado activo que interviniera en la economía para proteger la industria nacional, mejorar las condiciones de vida de los trabajadores y recuperar los recursos del país. Las ideas de FORJA empezaron a tener influencia, especialmente entre las clases medias urbanas, los intelectuales y también en algunos sectores del Ejército, donde varios oficiales compartían la preocupación por la dependencia económica y la pérdida de soberanía.
El contexto internacional y el golpe de 1943
A fines de los años treinta, el estallido de la Segunda Guerra Mundial (1939–1945) tuvo un fuerte impacto en la política argentina. Mientras el mundo se dividía entre los países aliados (como Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión Soviética) y las potencias del Eje (Alemania, Italia y Japón), el gobierno argentino, encabezado por Ramón Castillo, mantuvo una posición de neutralidad.
Esa postura generó profundas tensiones internas. Las potencias aliadas —en especial Estados Unidos y Gran Bretaña— presionaban para que la Argentina participara activamente del conflicto, mientras que sectores del Ejército y grupos nacionalistas criticaban al gobierno por su dependencia de los intereses extranjeros, sobre todo británicos, y por sostener un sistema político basado en el fraude electoral y el beneficio de las élites agroexportadoras.
La guerra y la crisis del modelo conservador agudizaron el descontento. Muchos oficiales jóvenes, influenciados por las ideas nacionalistas y por el pensamiento de FORJA, consideraban que el país necesitaba recuperar su independencia económica y política, y que el Estado debía tener un papel activo en la defensa de los intereses nacionales y de los trabajadores.
En este contexto, el 4 de junio de 1943, un grupo de militares del Grupo de Oficiales Unidos (GOU) llevó a cabo un golpe de Estado que derrocó a Ramón Castillo, último representante del régimen de la Década Infame. Los golpistas buscaban poner fin a un gobierno que consideraban corrupto, antipopular y subordinado al extranjero, e impulsar una nueva etapa política en la que el Estado asumiera un rol central en la vida económica y social del país.
Tras el golpe, el general Arturo Rawson asumió brevemente la presidencia, pero fue reemplazado pocos días después por Pedro Pablo Ramírez, y luego por Edelmiro Farrell. Bajo este gobierno militar, se consolidaron las ideas nacionalistas y comenzó un proceso de cambios que preparó el escenario para el surgimiento de Juan Domingo Perón y el movimiento peronista.
Ascenso de Perón, tensiones en el gobierno militar y jornada del 17 de octubre
Durante el gobierno militar iniciado en 1943, comenzaron a surgir tensiones internas entre los oficiales más conservadores y los sectores nacionalistas y populares. Algunos desconfiaban de la creciente influencia de quienes promovían políticas sociales y laborales, mientras que otros apoyaban estas medidas como parte de un proyecto de mayor justicia social y fortalecimiento de la relación del Estado con los trabajadores.
En este contexto, el coronel Juan Domingo Perón consolidó su influencia desde la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, impulsando políticas que incluían tribunales de trabajo, aumentos salariales, regulación de jornadas laborales, vacaciones pagas, ampliación de derechos previsionales y fortalecimiento de los sindicatos. Su gestión generó un creciente apoyo entre los trabajadores, quienes comenzaron a verlo como un representante de sus intereses dentro del Estado. Gracias a esta influencia, Perón también fue nombrado vicepresidente y asumió cargos clave como la Secretaría de Guerra, consolidando su poder dentro del gobierno militar.
Hacia octubre de 1945, la tensión dentro del gobierno alcanzó su punto máximo. Muchos oficiales y sectores conservadores desconfiaban de la creciente popularidad de Perón y de su vínculo con los trabajadores y los sindicatos, lo que llevó a su detención y traslado a la isla Martín García. Lejos de debilitarlo, su arresto provocó una gran movilización de trabajadores y sindicatos, que se organizaron cuidadosamente para llegar desde distintos puntos del país hacia la Plaza de Mayo en Buenos Aires. Durante la jornada del 17 de octubre, decenas de miles de personas se concentraron frente al edificio del gobierno, reclamando la liberación de Perón, coreando consignas a su favor y mostrando su respaldo masivo.
Ante la presión de esta movilización, el gobierno se vio obligado a liberar a Perón, quien se dirigió a la multitud desde el balcón de la Casa Rosada, consolidando su liderazgo político. Poco después, el Ejecutivo convocó a elecciones presidenciales para febrero de 1946, abriendo el camino para que Perón compitiera con un amplio respaldo de los trabajadores y los sectores populares que habían participado en la histórica jornada del 17 de octubre.

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